jueves, 6 de marzo de 2008

PRO-MASCULINO

Pro-masculino
Ser pro-masculino significa ser positivo respecto a los hombres; creer que los hombres podemos cambiar; apoyar los esfuerzos de cada hombre por lograr un cambio positivo. Significa construir relaciones íntimas y alianzas de apoyo entre hombres. Es reconocer los muchos actos de compasión y nobleza de los hombres. Es resistirnos a sentir desesperanza respecto a los hombres y a descalificarnos, y es rechazar la idea de que los hombres somos intrínsecamente malos, opresivos o sexistas.
Ser pro-masculino es darnos cuenta de que los hombres individuales no son responsables ni pueden ser culpados por las estructuras y valores sociales tales como la construcción social de la masculinidad o la historia de la opresión de las mujeres. Esto debe ser equilibrado con el reconocimiento de que cada hombres es responsable de su conducta opresiva (como la violencia) y puede escoger cambiarla. Si un hombre es sexista u homofóbico, una respuesta positivamente masculina sería ayudarlo y motivarlo a tratar de cambiar esto, y desafiar la conducta, en lugar de atacarlo.
Ser pro-masculino también tiene que ver con el reconocimiento y la apreciación de los aspectos positivos de la masculinidad. La fortaleza, la determinación y el valor son todos aspectos de la masculinidad tradicional y, sin embargo, son características útiles para la habilidad de los hombres para cambiar la sociedad.
El ser pro-masculino está equilibrado por el pro-feminismo. Ser positivamente masculino no significa, por supuesto, apoyar cualquier cosa que los hombres hacen. Debemos mantener un código de ética o valores, y evaluar a los hombres y las masculinidades de acuerdo a éste. Para dar un simple ejemplo, una masculinidad violenta es inaceptable porque la violencia es éticamente inaceptable.
Finalmente, ser pro-masculino es compatible con criticar los aspectos opresivos o destructivos de los grupos o los movimientos de hombres.


Michael Flood

1 comentario:

Afisionada dijo...

Regreso

No me pidas más de lo que tengo entre mis manos, más no puedo darte. Ya me fui de este lugar, de este infierno y no quiero volver a sonreír nunca más. No quisiera que pienses nada en este momento, ni mucho menos que me pidas que suelte tus manos, porque ahora no lo haré. Me he sentado al borde de este charco de ruidos y promesas sin cumplir, sin pensar en nada más que un tibio sol golpeando con fuerza mi marchita piel.
Mi vestido se ha cubierto de ramas de enredadera, ya por los años, ya por el cansancio, mis lágrimas han descrito su camino y ha velado por su crecimiento...

Anita